"A gritos y sombrerazos nadie entiende… Y los niñ@s menos!"
Los gritos en exceso pueden conducir a un deterioro en la
disciplina de los niñ@s y adolescentes.
Hay días que casi sin darnos cuenta desde que amanecemos ya todo parece ir mal. Pudo haber sido el despertador que no sonó o tropezarse con algún juguete fuera de lugar o encontrar la ropa sucia fuera del cesto o que alguien no lavó los platos de la noche anterior, cualquier razón que puede hacer que una mañana ya empiece con la paciencia mermada. Así que para cuando hay que ir a despertar a l@s niñ@s, pequeños o adolescentes ya hay un pequeño cúmulo de situaciones que provoca que su actitud lenta para estar list@s, desayunar o descubrir que hay alguna tarea que no hicieron para ese día en el colegio, provoca que la reacción de papá/mamá se aleje de buscar solución y se caiga en comenzar a gritar un poco de cosas al azar: “¿Cuántas veces te he dicho que…?” o “Cuando yo tenía tu edad…” frases lanzadas en tono alto, llegando al grito rápidamente cuando se completan con unos pocos “si alguna vez lo haces de nuevo…” y total, nunca va bien. Ni se arregla el problema y la tensión crece.
En cuanto comienzas a gritar casi puedes ver cómo l@s hij@s suben los hombros, se ponen a la defensiva y a decir verdad, uno como adulto, se vuelve más ofensivo porque sabemos que se tiene “el poder” para hacerlo y así, mientras
llega la hora de ir a la escuela todo transcurre entre “gritos y sombrerazos”.
Admitámoslo, no es un comienzo ideal para el día de NADIE y está lejos de ser
una forma adecuada para limar cualquier cuestión de conflicto en la familia.
Estas situaciones van afectando tremendamente la dinámica
familiar, si analizamos hasta podemos reconocer cuánto cambian las respuestas
de los niñ@s y adolescente cuando se les grita a cuando no. Tal vez en el
momento preciso no somos capaces de observar esta diferencia pero en cuanto los
niñ@s se han quedado en la escuela y se puede apreciar en perspectiva la
situación, seguramente han reflexionado sobre la diferencia que hay entre el
“humor” de un niñ@ o adolescente normal y el “humor” que queda después de que
reaccionamos con enojo y gritos.
Generalmente esta situación, nos pone a tod@s contra la esquina de
la defensiva y el poder irracional y casi nunca hay escapatoria del momento de
irritación alejándonos totalmente de la entrada al mundo de la
resolución de los problemas. Cerramos la puerta de entrada al diálogo y la
comunicación.
Un nuevo estudio sobre los efectos de gritar.Un estudio de la London School of Economics dirigido por el Dr. Laure De Preux (2014) ha encontrado que los padres de familia que gritan a sus hij@s cuando se comportan de forma incorrecta a lo esperado, empeoran sus problemas de conducta. El estudio encontró que los gritos excesivos en realidad conducen a un deterioro de la disciplina, mientras que razonar con los niñ@s mejora notablemente el comportamiento sin dañar su bienestar.El estudio analizó alrededor de 190000 niñ@s, a partir de datos recogidos de los padres de familia al año de eda de los pequeñ@s, luego otra vez cuando cumplieron tres, cinco y siete años de edad. L@s maestr@s y herman@s mayores también fueron entrevistados para evaluar los patrones de comportamiento de los menores.
La batalla entre los gritos y el razonamiento.
La inmensa mayoría de las discusiones a gritos y sombrerazos entre
padres de familia e hij@s tienen que ver con una lucha de poder. L@s niñ@s
intentado medir hasta dónde es posible manipular y mover las reglas a su favor
y los adultos demostrando que ell@s son los poseedores del poder absoluto y
total. Y así empieza el bloqueo entre un@s y otr@s.
Antes de enfrascarte en esta dinámica te recomendamos:
1. La única forma de que l@s niñ@s y adolescentes cumplan con sus
responsabilidades es siendo totalmente claros en los límites dentro de la
familia. Siempre hay que consensuar entre todos los integrantes de la familia
las reglas básicas de convivencia, educación y comportamiento previo a que las
situaciones de conflicto se presenten.
Si se es insípido, inestable, inconstante en ell@s, los hij@s se
sentirán siempre atraídos a comenzar un largo debate y reto acerca de las
decisiones y reglas que usted le establezca. Por ello, es sumamente importante que una vez
que se comunique una regla, ésta sea respetada siempre, sin flexibilidades al
respecto, siempre siendo congruentes y objetivos en poner el límite frente a
las situaciones verdaderamente importantes y estando acorde a la edad del niñ@.
No podemos pensar en modelos de crianza completamente limitantes. Enfrascarnos en repetir frases del tipo:
“Lo estás haciendo a mi manera porque soy tu padre/madre y lo digo yo”
frente a todo acto, sea trascendente o no, esté en peligro o no el/la niñ@, no funciona. Hay que establecerlos sobre los
hechos precisos que tienen que ver con hábitos, educación, salud, seguridad y
cuestiones de valor. Estas cosas son claramente responsabilidad de los padres
para la formación de los niñ@s y adolescentes. Con otras situaciones cotidianas l@s niñ@s tienen que ser capaces de entender poco a poco –y con la
guía de los padres- las situaciones de la vida e incluso aprender de los
errores, por supuesto con el acompañamiento en presencia y cercanía de
mamá/papá para ofrecer opciones y orientarlos en las decisiones apropiadas de
acuerdo a la edad del niñ@.
2. Aléjate por un momento breve de la situación que te saca de tus
casillas. Sí, literalmente cuenta hasta 10 respirando profundo antes de
responder a la actitud retadora que aparentemente está tomando algún@ de tus
hij@s. Esta quizá sea la recomendación más saludable. Bien dicta el dicho
“quien se enoja pierde”, así que antes de empezar a gritar y cerrar la puerta a
la resolución del conflicto, respira, cuenta, reflexiona y comienza a hablar
claramente sobre las acciones y actos (nunca sobre la persona) que están
saliéndose de las reglas establecidas en casa, siendo muy puntual y firme, sin
gritar ni amenazar, acerca de lo esperado en sus responsabilidades y acciones.
3. Dar opciones, comprometerse. Esta es una forma saludable de
detener un combate de gritos y sombrerazos. Esto no significa que hay que
ofrecer una gama ilimitada de opciones a los niñ@s y adolescentes,
evidentemente no podrá elegir desayunar dulces, por ejemplo. Pero sí puede
ofrecerle un par de opciones dentro de la exigencia de desayunar, para que
elija entre ellas.
Negociar no implica ceder frente al establecimiento de límites y
reglas, todo lo contrario. Simplemente nos permite respetar las diferentes
personalidades y gustos de cada un@ de los hij@s frente a los nuestros, frente
a nuestras exigencias y expectativas con respecto a ell@s.
Negociar no sólo evitará la guerra de gritos y sombrerazos,
también le ofrece la oportunidad de enseñarle a los niñ@s cómo resolver
problemas, mostrándole que ustedes son una familia que aborda los conflictos y
sigue adelante.
Sea cual sea el motivo que originó la batalla, recordemos que el
único poder que poseemos para hacer frente a la inminente lucha de poderes, es
el de negociar, este poder es vital para reducir la marcha de la intensidad emocional.
Así que ya lo sabemos, ante las situaciones de gritos y
sombrerazos, recordemos los límites establecidos, sabemos que el paso uno es
tenerlos previamente dialogados y consensuados en familia. Después, dejemos que el segundo
paso sea hacer una pausa; tomarse un minuto para tomar aire y reflexionar para
la aplicación de los límites y reglas familiares sin caer en las discusiones
acaloradas e ineficaces del “porque lo mando yo” nos traerá enormes posibilidades de modificación de la conducta indeseada. Una vez hecho esto, podrá dar
el tercer paso, decidiendo cuál es la táctica de resolución que va a tomar a
través de la negociación firme, clara y
acorde al conflicto y la edad del niñ@. Siempre manteniendo
la claridad que las opciones de negociación las establece usted, las presenta
y dialoga con l@s niñ@s para evitar caer en la ruptura del límite previamente
establecido.
Aunque cada niñ@ es diferente y cada dinámica familiar por ende también lo es y no podemos establecer fórmulas inequívocas para las situaciones más comunes dentro de cada familia, estos son algunos sencillos pasos que pueden servir de guía para evitar la guerra de gritos que en lugar de disciplinar, bloquean la comunicación y empeoran la conducta de niñ@s y adolescentes.
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Gaby Perusquia
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SinCeraSer A.C.





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