martes, 18 de agosto de 2015

Los golpes NO educan ¡Detente!

Los golpes NO EDUCAN!



Los Derechos del Niño establecen en su artículo 19 que tod@s los niñ@s tienen Derecho a una vida libre de violencia, esto incluye por supuesto y en primer lugar, desde y en el hogar. Textualmente el inciso I  dicta lo siguiente:

ARTICULO 19.
I. Los Estados partes adoptarán todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo.

domingo, 9 de agosto de 2015

A gritos y sombrerazos nadie entiende

"A gritos y sombrerazos nadie entiende… Y los niñ@s menos!"

Los gritos en exceso pueden conducir a un deterioro en la disciplina de los niñ@s y adolescentes.



Hay días que casi sin darnos cuenta desde que amanecemos ya todo parece ir mal. Pudo haber sido el despertador que no sonó o tropezarse con algún juguete fuera de lugar o encontrar la ropa sucia fuera del cesto o que alguien no lavó los platos de la noche anterior, cualquier razón que puede hacer que una mañana ya empiece con la paciencia mermada.  Así que para cuando hay que ir a despertar a l@s niñ@s, pequeños o adolescentes ya hay un pequeño cúmulo de situaciones que provoca que su actitud lenta para estar list@s, desayunar o descubrir que hay alguna tarea que no hicieron para ese día en el colegio, provoca que la reacción de papá/mamá se aleje de buscar solución y se caiga en comenzar a gritar un poco de cosas al azar: “¿Cuántas veces te he dicho que…?” o “Cuando yo tenía tu edad…” frases lanzadas en tono alto, llegando al grito rápidamente cuando se completan con unos pocos “si alguna vez lo haces de nuevo…” y total, nunca va bien. Ni se arregla el problema y la tensión crece.

En cuanto comienzas a gritar casi puedes ver cómo l@s hij@s suben los hombros, se ponen a la defensiva y a decir verdad, uno como adulto, se vuelve más ofensivo porque sabemos que  se tiene “el poder” para hacerlo y así, mientras llega la hora de ir a la escuela todo transcurre entre “gritos y sombrerazos”. Admitámoslo, no es un comienzo ideal para el día de NADIE y está lejos de ser una forma adecuada para limar cualquier cuestión de conflicto en la familia.

Estas situaciones van afectando tremendamente la dinámica familiar, si analizamos hasta podemos reconocer cuánto cambian las respuestas de los niñ@s y adolescente cuando se les grita a cuando no. Tal vez en el momento preciso no somos capaces de observar esta diferencia pero en cuanto los niñ@s se han quedado en la escuela y se puede apreciar en perspectiva la situación, seguramente han reflexionado sobre la diferencia que hay entre el “humor” de un niñ@ o adolescente normal y el “humor” que queda después de que reaccionamos con enojo y gritos.
Generalmente esta situación, nos pone a tod@s contra la esquina de la defensiva y el poder irracional y casi nunca hay escapatoria del momento de irritación alejándonos totalmente de la entrada al mundo de la resolución de los problemas. Cerramos la puerta de entrada al diálogo y la comunicación.

Un nuevo estudio sobre los efectos de gritar.
 
Un estudio de la London School of Economics dirigido por el Dr. Laure De Preux (2014)  ha encontrado que los padres de familia que gritan a sus hij@s cuando se comportan de forma incorrecta a lo esperado, empeoran sus problemas de conducta. El estudio encontró que los gritos excesivos en realidad conducen a un deterioro de la disciplina, mientras que razonar con los niñ@s mejora notablemente el comportamiento sin dañar su bienestar.
El estudio analizó alrededor de 190000 niñ@s, a partir de datos recogidos de los padres de familia al año de eda de los pequeñ@s, luego otra vez cuando cumplieron tres, cinco y siete años de edad. L@s maestr@s y herman@s mayores también fueron entrevistados para evaluar los patrones de comportamiento de los menores.

La batalla entre los gritos y el razonamiento.

La inmensa mayoría de las discusiones a gritos y sombrerazos entre padres de familia e hij@s tienen que ver con una lucha de poder. L@s niñ@s intentado medir hasta dónde es posible manipular y mover las reglas a su favor y los adultos demostrando que ell@s son los poseedores del poder absoluto y total. Y así empieza el bloqueo entre un@s y otr@s.

Antes de enfrascarte en esta dinámica te recomendamos:

1. La única forma de que l@s niñ@s y adolescentes cumplan con sus responsabilidades es siendo totalmente claros en los límites dentro de la familia. Siempre hay que consensuar entre todos los integrantes de la familia las reglas básicas de convivencia, educación y comportamiento previo a que las situaciones de conflicto  se presenten.
Si se es insípido, inestable, inconstante en ell@s, los hij@s se sentirán siempre atraídos a comenzar un largo debate y reto acerca de las decisiones y reglas que usted le establezca.  Por ello, es sumamente importante que una vez que se comunique una regla, ésta sea respetada siempre, sin flexibilidades al respecto, siempre siendo congruentes y objetivos en poner el límite frente a las situaciones verdaderamente importantes y estando acorde a la edad del niñ@.
No podemos pensar en modelos de crianza completamente limitantes. Enfrascarnos en repetir frases del tipo: 
“Lo estás haciendo a mi manera porque soy tu padre/madre y lo digo yo” 
frente a todo acto, sea trascendente o no, esté en peligro o no el/la niñ@,  no funciona. Hay que establecerlos sobre los hechos precisos que tienen que ver con hábitos, educación, salud, seguridad y cuestiones de valor. Estas cosas son claramente responsabilidad de los padres para la formación de los niñ@s y adolescentes. Con otras situaciones cotidianas l@s niñ@s tienen que ser capaces de entender poco a poco –y con la guía de los padres- las situaciones de la vida e incluso aprender de los errores, por supuesto con el acompañamiento en presencia y cercanía de mamá/papá para ofrecer opciones y orientarlos en las decisiones apropiadas de acuerdo a la edad del niñ@.


2. Aléjate por un momento breve de la situación que te saca de tus casillas. Sí, literalmente cuenta hasta 10 respirando profundo antes de responder a la actitud retadora que aparentemente está tomando algún@ de tus hij@s. Esta quizá sea la recomendación más saludable. Bien dicta el dicho “quien se enoja pierde”, así que antes de empezar a gritar y cerrar la puerta a la resolución del conflicto, respira, cuenta, reflexiona y comienza a hablar claramente sobre las acciones y actos (nunca sobre la persona) que están saliéndose de las reglas establecidas en casa, siendo muy puntual y firme, sin gritar ni amenazar, acerca de lo esperado en sus responsabilidades y acciones.


3. Dar opciones, comprometerse. Esta es una forma saludable de detener un combate de gritos y sombrerazos. Esto no significa que hay que ofrecer una gama ilimitada de opciones a los niñ@s y adolescentes, evidentemente no podrá elegir desayunar dulces, por ejemplo. Pero sí puede ofrecerle un par de opciones dentro de la exigencia de desayunar, para que elija entre ellas.
Negociar no implica ceder frente al establecimiento de límites y reglas, todo lo contrario. Simplemente nos permite respetar las diferentes personalidades y gustos de cada un@ de los hij@s frente a los nuestros, frente a nuestras exigencias y expectativas con respecto a ell@s.
Negociar no sólo evitará la guerra de gritos y sombrerazos, también le ofrece la oportunidad de enseñarle a los niñ@s cómo resolver problemas, mostrándole que ustedes son una familia que aborda los conflictos y sigue adelante.

Sea cual sea el motivo que originó la batalla, recordemos que el único poder que poseemos para hacer frente a la inminente lucha de poderes, es el de negociar, este poder es vital para reducir la marcha de la intensidad emocional.


Así que ya lo sabemos, ante las situaciones de gritos y sombrerazos, recordemos los límites establecidos, sabemos que el paso uno es tenerlos previamente dialogados y consensuados en familia. Después, dejemos que el segundo paso sea hacer una pausa; tomarse un minuto para tomar aire y reflexionar para la aplicación de los límites y reglas familiares sin caer en las discusiones acaloradas e ineficaces del “porque lo mando yo” nos traerá enormes posibilidades de modificación de la conducta indeseada. Una vez hecho esto, podrá dar el tercer paso, decidiendo cuál es la táctica de resolución que va a tomar a través de la negociación firme, clara y  acorde al conflicto y la edad del niñ@. Siempre manteniendo la claridad que las opciones de negociación las establece usted, las presenta y dialoga con l@s niñ@s para evitar caer en la ruptura del límite previamente establecido.

Aunque cada niñ@ es diferente y cada dinámica familiar por ende también lo es y no podemos establecer fórmulas inequívocas para las situaciones más comunes dentro de cada familia, estos son algunos sencillos pasos que pueden servir de guía para evitar la guerra de gritos que en lugar de disciplinar, bloquean la comunicación y empeoran la conducta de niñ@s y adolescentes.


SinCeraSer ofrece cursos, talleres y conferencias sobre crianza positiva, comunicación asertiva para padres de familia, buen trato en la familia, principales riesgos y oportunidades para un padre de adolescentes, límites y roles, entre muchos otros temas para padres de familia, maestros, directores, niñas, niños y adolescentes.

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Gaby Perusquia
Presidente
SinCeraSer A.C.